
Como muchas ocasiones, y en todas partes del vasto manto galáctico, estaba ocurriendo una gran destrucción en un planeta lejano. Las estrellas estaban inquietas. Los meteoritos se desintegraban cuando rozaban su ergosfera. El nombre del planeta era Nautix, mundo Nautix.
Nadie sabía muy bien el por qué alguien fue capaz de acabar con la vida de más de 20 mil millones de numanos.
Y si habían formas de vida en los planetas vecinos, tenia que darse por seguro que estos también temían por su seguridad.
De lejos podía verse los colores que emitía la explosión. Rojo, naranja, azul, parecían fuegos artificiales gigantes, los peores que alguien se pudo imaginar jamas.
Pero, así como le había llegado la hora final a aquella roca con vida, también había llegado una serie de historias por descubrir, para la única tripulación con vida que logro escapar de mundo Nautix.
Preferían no mirar por la ventana desde sus cubículos espaciales; les dolía en lo mas profundo haber sido derrotados y verse en la odiosa necesidad de salvar sus vidas, y dejar morir a otras. Ninguno en la nave podía verse a los ojos.
Tori, la líder de la tripulación, se encontraba abrazada de su esposo y su hija, dos personas fundamentales para ella, que por alguna razón amaba ahora más que nunca. Ella creía que era capaz de dominar a la perfección los planes que un malévolo ente tenia entre manos con su planeta. Lo subestimo, eso estaba claro. "La batalla la gano el", pensó para dentro de si. Tori, aunque fuerte y comprometida a luchar contra cualquiera de las amenazas que aterrorizaban a sus ciudades, no fue lo suficiente para poder evitar esta catástrofe. La culpa siempre la lleva un líder. Esa era la lección que todos debían de tomar a partir de esos momentos.
Lambd era el esposo de Tori. No había huido de su planeta natal para llegar a vivir el mismo destino que antes tuvo. En su mente vagaban ideas monstruosas, acerca de como no pudo dar más de si en la tarea que su mujer le había encomendado junto a su hija. El tenia claro que la culpa no era de nadie, el sabia que su contrincante era mucho mas avanzado que todo su equipo junto. Quería proteger a su esposa y su ya no tan niña de un inminente futuro que comenzaba a hacerse realidad. "¿Tendremos que dar nuestras vidas para que mi hija viva la suya?", reflexiono. Lambd tenía habilidades sorprendentes, y una capacidad sobrenumana para aguantar el dolor incluso mas que su esposa. Pero aun así fue vencido.
Scarlett yacía sobre los torsos de sus padres, derrumbada por no haber podido ser mas fuerte con sus ataques, y con las habilidades que su madre le había enseñado. Ella era una simple adolescente, no pasaba de los 2,000 años, pero aun así ya pensaba como alguien muy maduro; quizás fueron los duros golpes de la vida los que tuvieron que transformarla de esa manera. Sus ojos verdes pistache nunca habían estado mas brillantes, nunca había llorado tanto como esa noche, o ese día, no lo sabemos, estaban vagando ya por el espacio. Pensaba que ella era alguien imprescindible en la familia que sus padres y demás amigos habían podido lograr; se sentía incompleta, falta de sabiduría, y falta de fuerza física para poder ser integrante de el prestigioso equipo Nautix.
En la nave también estaba Jack, un increíble ingeniero y piloto que poseía poderes extranormales. Era capaz de sobrevivir bajo el agua por semanas, y también era un enigmático luchador cuerpo a cuerpo con casi cualquier enemigo. El había preferido estar solo, vigilando que los controles de la base no se desestabilizaran. Tori regularmente era la que le decía que rumbo tomar cuando iban a batallas o encuentros casuales con criminales en Nautix; esta vez, el decidió poner como coordenadas un ciclo infinito de bairelhis hasta encontrar un planeta con posibilidad de albergarse en el.
Las gemelas, Stella y Amanda se encontraban dormidas. Normalmente, ellas hubieran armado un tremendo alboroto por lo que estaba ocurriendo, pero no era ni el lugar ni el momento para intentar llamar la atención de sus demás compañeros con niñerías baratas. El pelo rosa de Stella jamás había estado tan apagado como hasta ahora; el morado de Amanda ahora se volvía grisáceo. ¿Acaso sus sentimientos influían tanto en ellas?
En los bordes de aquella maquina espacial, y recostados cada uno en una litera, Bounder y Anton trataban de conciliar el sueño. Bounder anhelaba encontrar un lugar pacifico para meditar, para dejar fluir sus enojos y perdidas con ayuda de las sagradas piedras energéticas que una vez existieron, y que, generación tras generación fueron las causales de sus maravillosas habilidades. El quizá era el numano mas sensato de su equipo ahora. Mientras que los demás estaban totalmente derrumbados ante las posibilidades, el podía augurar tranquilidad y redención para el mismo, y para sus compañeros, su familia. Anton era el mas furioso. Jack sabia que de un momento a otro, tendría que ir a su cubiculo y controlar el enojo de su amigo. No paraba de darle golpes a el metal, sus nudillos estaban intactos, pero no podía provocar un desastre incendiario dentro, sabia que tenia que contenerse. Su temperamento siempre fue lo peor de el, todos en el equipo estaban de acuerdo en eso; el hecho es que sufría por ver a su gente morir, por ver a sus padres, sus hermanos, sus tíos perecer ciudad tras ciudad. A pesar de ser un joven luchador orgulloso, tuvo que saber elegir sus prioridades en la hora final. Bounder, su maestro, se lo había dicho, tenia que mantener en la gloria los recuerdos de su vida.
Joyce y Krika eran los dos integrantes finales. Krika se habia integrado a el equipo N desde hacia ya mas de 30,000 años. Habia tenido la gratitud de haber combatido como compañero con los últimos tres lideres de el equipo: Maxime, Maxime II, y Tori. Y aunque en un principio, el también habia sido un villano que tuvieron que derrotar, entre sus circuitos extraterrestres se supo reprogramar el mismo para encontrarle significado a su existencia, que para el era, proteger a los más débiles. Lejos de que alguien pudiera llegar a pensar que un robot como el no podía tener sentimientos, demostró tristeza y enojo al fallar en la ultima misión en Nautix. Joyce se encontraba pensativa, fuera de los dormitorios de la nave en un pasillo casi sin luz. Era la integrante que menos tiempo llevaba con ellos, por lo tanto, la más novata en cuestiones de batallas perdidas o ganadas. Pero en ella habia esperanza. Confiaba en su equipo como nunca más lo habia hecho en su vida; sabia que eran su familia, y que era lo único que le quedaba ahora. No estaba dispuesta a darse por vencido tan fácil. O por lo menos eso pensaba. Por fuera se veía decaída, gris, molesta. Jugaba a congelarse las muñecas y luego romper el hielo que se formaba alrededor de ella.
Repentinamente parecía que el destino de el grandioso equipo Nautix era quedarse sin energía en la nave y varar en el espacio hasta que su muerte llegara, o hasta que el mismo espacio ensombrecedor lo determinara. También habia la posibilidad que Jack tenia prevista; encontrar un planeta, una luna, o un asteroide habitable en el cual podrían sostenerse por un tiempo, o quedarse a tratar de disimular entre ellos mismos que ese ahora era su hogar. Pero no habia que irse tan lejos. Cabía la suerte que un meteorito o satélite espacial golpeara su raquítica maquina y los hiciera volar en pedazos por toda la despresurizacion que el vacío contenía. Cualquiera de las demás posibilidades también eran igual de aterradoras que las anteriores, pero ya no habia opción. En un pasado, en la era de Maxime II, el padre de Tori, el hubiera contactado a su colega, el doctor Schweritter para encomendarle la creación de una maquina del tiempo. Al fin y al cabo, Maxime II siempre le dijo a su hija que el doctor era poderoso, irreemplazable, no habia nada que el no pudiera lograr. Pero nadie jamas habia creado una en mundo Nautix.
Destino. Esa fue la palabra que marco para siempre la vida de cada uno de los tripulantes de la Illuminator VII, que ahora estaba desviando su curso gracias a una atracción fuera de lo común.
Jack decidió apartarse por fin de la base, para ir a descansar un poco. Habían pasado algunas horas, quizas unas 12. Krika quedo al mando entonces de la nave, mientras que sus nueve compañeros iban por fin a conciliar el sueño en sus respectivas habitaciones. Jack le dio una breve explicación a el robot de que hacer en caso de una anomalía en los controles.
- Puedo simplemente despertarte, no me complicare en estas situaciones.- Le respondió Krika al piloto principal; el, simplemente en respuesta decidió brindarle una sincera sonrisa mientras se alejaba a su cubiculo.
Paso algún rato mas, ciertamente no se sabe, quizá solo unos momentos. Krika decidió sentarse sobre la cómoda cresta que Jack adornaba con almohadines especiales. No disfruto demasiado. La computadora principal se activo ante sus ojos indicándole una falla en las coordenadas antes puestas. El robot rápidamente apago los molestos ruidos de emergencia y quiso ver por si mismo si habia un arreglo. Abrió el mapa espacial, fijo una nueva ruta aleatoria a un planeta habitable, y regreso a su cómoda hibernación.
La Illuminator VII dio de pronto un estrepitoso giro de 180 grados que sacudió a todos sus tripulantes dentro. Tori y Lambd rodaron hacia la pared de su cuarto, Stella y Amanda volaron al piso desde una litera, pero aun asi no se despertaron. Scarlett y Joyce, que compartían habitación, se estamparon hacia un lado del cuarto rodando como dos canicas de pinball. Jack, Bounder y Anton apenas pudieron jalar sus colchones y subirse a ellos para no rebotar por todas partes. Krika fue el único que permaneció inmóvil, gracias claro, a que fijó su cuerpo con el de la nave.
Todos salieron alarmados entonces hacia la base, solo Jack tuvo que tomar a las gemelas por la fuerza y hacerlas reaccionar con un pequeño rayo de acker en sus rostros.
Tori llego al mando de los controles y, manualmente, trato de estabilizar a la nave como le fuera posible. Pero Lambd, Scarlett, Krika, y los demás integrantes estaban atónitos en cambio. Le tardó mas tiempo a Tori, pero pronto vio que ningún control funcionaba. Lambd gritó para que mirara fuera de la Illuminator, fue así como volteó y vio con sus propios ojos como estaban acercándose a una extraña esfera que se hacia mas y mas gigante cada que avanzaban.
Todos retrocedieron aterrorizados. Jamas habían visto un fenómeno espacial parecido. Anton, que era el experto astronómico, se engancho con miedo hacia Amanda, quien reacciono muy poco amigable ante la demostración de este.
La Illuminator se tambaleaba exageradamente, parecía que en un momento u otro se destrozaría en miles de pedazos. Todos se comenzaron a sujetar de las manos, o en el caso de Krika, de las garras; veían como a su alrededor las estrellas y constelaciones se deformaban siguiendo una ruta no especifica en espiral. Pero no era lo único que se deformaba. Scarlett fue la primera que se dio cuenta, pero su brazo parecía ahora una especie de plasta gelatinosa que se movía al compás de el espacio cambiante. Tori y Bounder eran los únicos que no estaban siendo deformados por el espacio - tiempo. Todos los demás parecían croolbabs, una especie que hace miles de años habia visitado Nautix; eran un conjunto de espaguetis danzantes.
Aunque quizás ellos no sabían que era lo que estaba pasando, uno fácilmente podría haber adivinado que estaban cruzando un agujero de gusano.
Un agujero de gusano era una distorsión en el espacio. Muchas razas que existieron los calificaban como círculos gigantes que se formaban a causa de el paso de supernovas quantium.
Lo cierto es que estaban en lo correcto. Pero no eran círculos gigantes; como toda figura en la tercera dimensión que habitaban, un circulo se convertía en una esfera.
El agujero de gusano te transportaba hacia otra constelación, hacia un planeta, hacia una estrella, o hasta a otra galaxia. A primera impresión, parece un atajo fácil, el cual tomar cuando quieres acortar el camino, pero las cosas no eran así. Nadie sabia con exactitud donde podía ubicarse uno, y mucho menos hacia donde te llevaría. Como habia dicho antes, las posibilidades eran muchas. Atravesarlo tampoco era fácil. Si los nautixences no hubieran tenido habilidades infranumanas podían haberse quedado atorados en la distorsión y convertirse totalmente en gelatinas flotantes dentro del agujero.
Pero de pronto, las estrellas se alinearon nuevamente. Habían cruzado exitosamente el agujero de gusano. Lo que no sabían, era que habían arribado a otra galaxia.